Hay un camino de mi Alma a mi corazón Mevlana Jalaluddin Rumi
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Arunachala La Montaña de Shiva
A diferencia de la cordillera andina, donde elevaciones brotan de elevaciones, en Tamil Nadu, India, las montañas surgen de improvisto, en soledad, desde un suelo totalmente plano. Mirarlas por primera vez es una experiencia única: ellas dan la impresión de un grupo de gigantes, emergiendo inmóviles de la vasta planicie, congregados y sin embargo extrañamente separados. Con sus pináculos azafranes o pardos, parecen contemplar el cielo como esperando.
Entre esas montañas se levanta Arunachala, triángulo dorado e irregular emplazado sobre la tierra. Las escrituras hindúes la consideran como la manifestación física —Iswara swarupa en sánscrito— de Shiva, quien junto con Brahma y Visnú forma la trinidad divina central al hinduismo. Arunachala constituye un vórtice de devoción, lugar sagrado al que acuden millones de peregrinos, donde el fervor es un omnipresente hecho de la vida diaria.
A primera vista, Arunachala parece ser tan sólo una montaña más. Sin embargo, luego de un primer vistazo la mirada del viajero no puede abandonarla. Cuanto más se la observa, mayor es la dificultad de obtener una imagen mental certera. Misterios reales no necesitan un velo de oscuridad para existir —florecen a plena luz y medran allí donde todo el mundo puede observarlos. En Arunachala un curioso efecto visual parece germinar de la combinación de luz y barro áureo: Sol y montaña se confunden en una imagen que permanece más allá de la mirada.
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